Un abanico para una novia, aires de arte. Casa Masó

La Casa Masó, además de escenario de creación artística y cuna del Noucentisme, fue también el hogar de la familia Masó; hombres, mujeres y niños que dejaron su recuerdo en los objetos que hoy hemos heredado. Unas piezas especialmente sugerentes en la colección son sus abanicos. Se trata de obras de gran valor por su arte y su belleza, y por el reflejo de una cultura y una sociedad con sus propios códigos de convivencia. El abanico era un objeto funcional y ornamental al mismo tiempo, un complemento en el atuendo de las señoras y señoritas que tanto servía para aliviar un desmayo, hacer pasar un rubor, llamar la atención e incluso intercambiar sutiles mensajes entre pretendientes.

Los abanicos de la Casa Masó son de finales del siglo XIX y principios del XX, momento de máximo esplendor de la industria del abanico española, cuando empezaba a mecanizar algunos procedimientos y mantenía el tipo artesanal en la decoración y acabados. Son del tipo plegable o articulado, con varillajes de hueso o madera que reemplazan los materiales más costosos, como el marfil, unidos en la parte inferior por una pequeña pieza metálica. Están calados con sencillas decoraciones, formando motivos vegetales y florales sobredorados. También se utilizan otros materiales como el nácar o el carey, decorados de la misma manera con pan de oro. En cuanto a los países, espacio principal que recoge el motivo decorado, son hechos de papel pintado o ropa. En la mayoría el papel está impreso con el dibujo, con algunos retoques pintados a posteriori, como los pequeños detalles o las ornamentaciones doradas. El diseño sigue un modelo, un patrón común que encontramos en varias piezas y que se puede relacionar con la corriente iniciada a finales del siglo XIX que había vuelto a poner de moda los temas pastorales y galanes (inspirados en artistas como Boucher o Fragonard), dando lugar a escenas campestres, en paisajes idílicos y con personajes vestidos según la indumentaria del siglo XVIII.

 

También encontramos escenas mitológicas, coincidiendo con un revival en la época de la cultura grecorromana. En uno, por ejemplo, aparecen representados varios episodios de la historia de Eneas. Por un lado, encontramos una escena donde se muestra al troyano (que se identifica fácilmente gracias al gorro frigio) en compañía de Dido y, por otro, Eneas y Lavinia con su hijo Silvio. Para concluir también hay que destacar, coincidiendo con la moda de todo lo exótico, los abanicos de estilo oriental, frecuentes en colecciones como ésta. Se trata de ejemplares de madera con fondo negro o blanco y decoración vegetal.

Tenemos la suerte de que algunas de las piezas se conservan con sus cajas originales. Allí aparece el nombre del fabricante, lo que hace mucho más fácil seguir la pista de la pieza. En una caja hallamos el nombre de su propietaria, María de la Bonanova Masó, lo que enlaza con el valor sentimental y personal que tenían estos objetos. De hecho muchas veces los abanicos servían para conmemorar acontecimientos vitales importantes, como por ejemplo bodas, puestas de largo … Muestra de ello es el abanico de bodas de doble país de seda, bordado a mano con hilo dorado, que se conserva en la Casa Masó y que se sabe que era para la boda de Carmen Vinyals, la mujer de Santiago Masó, hermano mayor del arquitecto. El bordado representa una guirnalda de flores, símbolo del matrimonio.

Maria Fontané (Estudiante de Historia UdG / Voluntaria Cultural de la Casa Masó)

Imágenes: Abanico de boda de Carmen de Vinyals, que contrajo nupcias con Santiago Masó en 1918. © Fundació Rafael Masó. 2017 / Vano conservado en la Casa Masó fechado entre 1880 y 1910. © Fundació Rafael Masó. 2017