El arado, una herramienta de campo. Museu Etnogràfic de Ripoll

Septiembre era la época de descabezar el maíz, de cosechar las judías y las patatas, de recoger las peras y las manzanas y también de batir los nogales. Avanzado el otoño, la gente de la casa escogía el mejor grano de semilla para la siembra. Venía el tiempo de arar los campos con el arado tirado por los animales: bueyes, vacas o mulas, que el agricultor guiaba para que la reja hiciera el surco bien derecho. Sobre el campo arado, el agricultor sembraba el trigo esparciéndolo a puñados y luego pasaba el rastrillo para enterrar la semilla y deshacer los terrones. Posteriormente, durante la revolución industrial, el sistema motriz del arado, en sus inicios humano y después animal, fue mecánico, con la aparición de máquinas impulsadas por vapor y más tarde, tractores con motor de combustión interna.

Museu Etnogràfic de Ripoll

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