Ópera de primer nivel en el corazón del Alt Empordà, ‘Madama Buttlerfly’ en Peralada

El  Festival Castell de Peralada ofrece cada verano varias oportunidades únicas y memorables de disfrutar de espectáculos de primer nivel internacional. Las veladas más esperadas son, sin duda, las que suponen el estreno de la ópera que, desde hace unos años, coproduce o produce el festival haciendo un esfuerzo encomiable. Esta producción es la joya de la corona, la que contribuye decisivamente a encumbrar y consolidar el festival como referente en el ámbito de la lírica en el Estado español. En el año 2014 el festival hizo una apuesta asumiendo todos los aspectos de la producción del espectáculo, desde la construcción de la escenografía, pasando por la elección del equipo técnico y el elenco. El resultado fue un Andrea Chénier (Umberto Giordano) que será recordado durante tiempo, comparable a los mejores espectáculos operísticos que se hacen en todo el mundo. El año siguiente con la producción de Otelo (Verdi) el nivel de excelencia de la producción altoampurdanesa subió un grado más, con escenografía y dirección escénica de un inspiradísimo Paco Azorín y un reparto impecable encabezado por Gregory Kunde y Eva Maria Westbroek. Esta línea se mantuvo el año pasado, con la puesta en escena de Turandot (Puccini), bajo la dirección escénica de Mario Gas.

Este año Puccini repite en Peralada. Madama Butterfly, que se verá los días 7 y 9 de agosto (22h) en el auditorio del castillo, es una coproducción con la Deutsche Oper Am Rhein, con la dirección escénica de Joan Anton Rechi y un reparto inmejorable, que incluye una de las mejores sopranos del mundo en la actualidad, la albanesa Ermonela Jaho, el tenor estadounidense Brian Hymel, el barítono malagueño Carlos Álvarez y la mezzosoprano gerundense Gemma Coma-Alabert en el papel de Suzuki. Según Rechi, la versión que se podrá ver en Peralada es “profunda, sincera y desoladora”. La ópera consta de tres actos, está ambientada en Japón y cuenta la historia de una joven gheisa, Butterfly, que espera el retorno de un militar estadounidense del que está enamorada. Rechi lleva hasta el límite los personajes y reivindica “la tragedia y la infalibilidad del destino”.

El director de escena ha trasladado la acción en el tiempo, a la Segunda Guerra Mundial, en la ciudad de Nagasaki -como en el original- y la sitúa antes y después del impacto de la bomba atómica. Todo transcurre en el consulado americano, renunciando así a los decorados que recrean viviendas japoneses y su preciosismo. La obra acaba transmitiendo la angustia que provoca la tragedia que vive Butterflay y el doloroso destino de su pueblo, bombardeado.

El cuadro artístico de la producción lo completan el Euskaldiko Sinfonika Orkestra y la dirección musical es de Dan Ettinger.

Imágenes: Toti Ferrer