Cementerios de Girona que son un verdadero tesoro

Turismo y cementerio son dos conceptos que, de primeras, no maridan muy bien. Pero si os paráis a pensar, hacer turismo no deja de ser la acción de viajar para visitar un lugar concreto, atraídos por su cultura, su génesis, su aspecto y mil y otros motivos. De hecho, esparcidos por el mundo, hay un gran número de cementerios que tienen renombre y reciben a miles y miles de visitantes al año. El cementerio judío de Jerusalén, el cementerio Okunoin Koyasan, en Japón, el antiguo cementerio judío de Praga, el Highgate Cemetery de Londres o el cementerio de Mirogoj, en Zagreb, son sólo algunos de ellos. En las comarcas de Girona también existen cementerios que merecen ser visitados por su valor patrimonial y artístico, cementerios que son un verdadero tesoro. Nos referimos al antiguo cementerio marinero de L’Escala, al cementerio modernista de Lloret de Mar, al cementerio de Figueres y al cementerio de Olot y os proponemos que hagáis una visita. En este post os explicamos por qué vale la pena hacerla.

Vista parcial del cementerio de l’Escala, durante una visita nocturna. Foto: Visit l’Escala.

El antiguo cementerio marinero de L’Escala

Se trata de un conjunto de arquitectura popular de estilo neoclásico de 1835, declarado bien cultural de interés nacional (BCIN) y es único en su categoría en toda la Costa Brava. En 1970 se clausuró alegando que impedía el crecimiento urbanístico y que existían también motivos de salubridad pública. Entonces se puso en marcha una campaña en contra del derribo por parte de la Comisión de Defensa de la Arquitectura Popular, que consiguió que en 1984 el monumento fuera catalogado y declarado BCIN, quedando totalmente protegido por la ley. La declaración como Bien Cultural destaca la homogeneidad del conjunto, de estilo neoclásico, con nichos rematados con tímpanos y encalado. El escritor Josep Pla consideraba que era uno de los cementerios más bellos de la Costa Brava y, entre otros, está enterrada, desde 1966 la escritora escalenca Víctor Català. Hace tan sólo 5 años, el cementerio fue sometido a un proceso de restauración y en enero de 2019, coincidiendo con el 80 aniversario del bombardeo en l’Escala durante la Guerra Civil española, se inauguró la escultura Ausencias, de Pia Crozet , con la lista de los nombres de las 63 personas que murieron en aquel suceso o en los campos de exterminio nazis. Desde el Museo de l’Escala se organizan visitas guiadas y este año se han organizado un par de visitas nocturnas guiadas por el historiador Gabriel Martín Roig.

Panteón de Marià Vilallonga, en el cementerio de Figueres. Foto: Enfo, CC-BY-SA-3.0.

Cementerio de Figueres

Junto a la carretera del Far se construyó este cementerio municipal, el tercero de la villa de Figueres a lo largo de su historia, y fue necesaria su construcción debido a que el anterior había sido tragado por el crecimiento de la ciudad y quedaba dentro de la trama urbana, algo que incumplía la prohibición del gobierno emitida en 1785 de enterrar cerca de una iglesia o dentro de una población. El anterior cementerio estaba adosado a la muralla medieval, donde actualmente se encuentra parte del Teatro-Museo Dalí y el nuevo, lo sustituyó. En 1814 se aprobó el emplazamiento del cementerio actual, en la zona de La Campassa, en 1817 entró en funcionamiento y en 1830 finalizó el traslado de los restos del antiguo cementerio. Actualmente, la edificación acoge a un total de 17 elementos funerarios que están incluidos en el Inventario del Patrimonio Arquitectónico de Cataluña. Son panteones y tumbas singulares, algunos de ellos proyectados por arquitectos y escultores de renombre como Josep Llimona, August Font o Venanci Vallmitjana. El panteón Dalí, de principios del s.XX, la tumba Arola, del s.XIX, el panteón de Mariano Villalonga, alrededor de 1880 o los sepulcros Galí y Janer (modernista) son algunos de estos elementos. Además, Figueres ofrece la posibilidad de realizar una visita guiada al cementerio gracias a un código QR que enlaza a una audioguía. La ruta está disponible en cuatro idiomas en horario de apertura del recinto. En la audioguía digital también están disponibles los textos locutados para personas con diversidad funcional auditiva y cada punto del itinerario está geolocalizado en un mapa. La documentación y elaboración de los textos de la ruta son obra de la historiadora del arte y doctora en humanidades Mariona Seguranyes.

Un panteón del cementerio modernista de Lloret de Mar. Foto: Museu Obert de Lloret de Mar.

Cementerio modernista de LLoret de Mar

En la villa de Lloret de Mar, el legado de los indianos -sector de población enriquecido que habían vuelto de “hacer las Américas”- no sólo se puede comprobar en edificios residenciales, también dejaron huella en el cementerio del pueblo impulsando su reforma a finales del siglo XIX. Como en Figueres, en Lloret se realizaban los entierros en los alrededores de la iglesia, en este caso, la de Sant Romà, construida en el siglo XVI. A finales del siglo XIX, gracias a la iniciativa de familias con vínculos con el comercio de ultramar y vinculadas directamente con la burguesía barcelonesa, las obras de construcción del cementerio fueron posibles, siguiendo un proyecto del arquitecto Joaquim Artau i Fàbregas, en el que participaron otros arquitectos de renombre, como Puig i Cadafalch o Bonaventura Conill y Montobbio, autor de los hipogeos Durall/Surís, Durall/Carreras y Mataró/Vilallonga o del panteón Esqueu y Villalonga. Conill es considerado el arquitecto por excelencia del modernismo en Lloret de Mar. La distribución del cementerio está bien pautada, aplicando las tendencias urbanísticas propias de las grandes ciudades decimonónicas a otro tipo de ciudad, de tamaños más reducido. Las avenidas, los paseos, las plazoletas y las islas de nichos, todo el espacio está organizado en función de unas pautas de jerarquía social. En la avenida principal se sitúan los comitentes privados, los indianos, mientras que a derecha e izquierda se distribuyen las tumbas de segunda y tercera categoría y, más allá, un espacio para las inhumaciones civiles y otro para los no bautizados. Los monumentos históricos del cementerio han sido dotados de paneles explicativos multilingües.

Imagen del panteón de la familia Masllorenç, en el cementerio de Olot. Foto: Turisme Garrotxa.

Cementerio de Olot

El Cementerio Municipal de Olot, que se encuentra al pie de los gredales del volcán Montsacopa, se inauguró el 20 de agosto de 1821. Entonces constaba de un único recinto, cuya entrada todavía se conserva, de los tres cuadrilongos escalonados que existen actualmente. La belleza de las sepulturas del segundo recinto cautiva al visitante y configura la identidad más potente de la necrópolis, ya que se pueden encontrar obras de escultores y pintores como Celestí Devesa, Josep Llimona, Josep Berga, Emeteri Vélez, Martí Casadevall, Ignacio Buxó o Joan Ferrés, entre otros. La mayoría se encuentran en una de las galerías más bonitas del cementerio, la de Santa Sabina, donde estan la mayoría de placas de bronce realizadas por los escultores y pintores olotenses antes mencionados. Las placas, como puertas, guardan nichos familiares, coronados por un entablamento de forma triangular, adornado con motivos vegetales estilizados. A cada lado hay unas columnas con capiteles corintios y otros elementos decorativos. También se puede admirar forja de Can Barberí, la fundición que actualmente acoge la sede del reputado despacho de arquitectura RCR. El 20 de noviembre está prevista una visita guiada correspondiente al festival de experiencias culturales Som Cultura.