Floreras. Museu Etnogràfic de Ripoll

Los recipientes de hojalata eran de uso cotidiano en el hogar y en los comercios hasta la llegada y la popularización del plástico, en la década de los años sesenta del siglo XX. La gran variedad de volúmenes y formas que se les daba los hacían idóneos para guardar alimentos, pero también muchos otros productos. El hojalatero trabajaba con una lámina de metal, en la que dibujaba la pieza, la cortaba, la soldaba y limaba las rebabas. La tarea requería una gran precisión, ya que a menudo estos receptáculos se usaban para medir líquidos como la leche, el aceite y el vino, o bien cereales. Otros trabajos de hojalatero eran la manufactura de lámparas de aceite, quinqués y linternas, y el repujado de la lata para hacer obras de carácter ornamental, principalmente religioso, destinadas a santuarios y ermitas. Un ejemplo podrían ser las floreras de la imagen, utilizadas para decorar los altares de la iglesia, en la época en que no había flores de temporada. Podrían equivaler a nuestras flores de plástico actuales.

Museu Etnogràfic de Ripoll

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