Noches de ensueño, noches de emoción, noches de felicidad, Noches de Circo en la Ciutadella de Roses

La propuesta que os haremos en este post es un plan familiar como pocos hay, que combina patrimonio, diversión, magia y emoción. Se trata de las Noches de Circo, que se celebrarán desde el día 16 al 24 de agosto en la Ciutadella de Roses -también se ha hecho un ciclo en Besalú-, y es una propuesta de ocio integral, ya que también incluye la posibilidad de disfrutar del área de restauración en un pequeño pero magnífico y acogedor village.

La propuesta comienza con una visita a la Ciutadella de Roses, que es un monumento declarado Bien Cultural de Interés Nacional, además de un yacimiento arqueológico todavía en proceso de investigación. Se puede disfrutar de un completo itinerario señalizado y conocer las diferentes ocupaciones históricas del sitio a través de los restos conservados, desde el s. IV a.c., fecha de la fundación de la colonia griega de Rhode, hasta el s.XX, dentro del recinto fortificado de época renacentista. En la Ciutadella también se puede encontrar la huella de la Roses medieval, en el monasterio y el núcleo urbano que se desarrolla alrededor de los diferentes perímetros de murallas, hasta la última fase, la de época moderna, de la que se conservan los restos de diferentes edificios militares. Además, el monumento dispone también de un espacio expositivo y de interpretación.

Thanh Hoa i Hien Phuoc en las cintas aéreas. Foto: Bertrand Guay.

La visita es el complemento perfecto para el ciclo Noches de Circo, ya que antes de las funciones, podéis disfrutar con toda la familia del village, que dispone de un grupo musical que ameniza la estancia y podéis aprovechar para probar la oferta de restauración , apta para todos, que consiste en una serie de food tracks con una oferta gastronómica diversa que incluye al público vegano. Es el epílogo perfecto para el espectáculo que presenciaréis a continuación: una velada completa del mejor circo del mundo.

La propuesta que presenta la Circus Arts Foundation, responsable del espectáculo y de Circusland de Besalú, el Palau del Circ, consta de 8 números de primera categoría internacional. Abre el fuego la trapecista chilena Camila Palma, de la que el público sigue las evoluciones a 8 metros de altura con el alma en vilo y exclamaciones que acompañan cada vuelo, cada acrobacia, ejecutadas con seguridad y mucha fuerza. Tras Palma, llega una de las atracciones más sorprendentes, el doble palo chino a cargo de la Troupe Hassak de Kazajistán. Acrobacias y saltos inverosímiles se suceden en la pista ante un público que llega a su máximo asombro cuando uno de los miembros de la troupe hace la bandera -situarse en situación perpendicular al palo con la fuerza únicamente de los brazos- aguantando derechos en su torso una torre formada por dos de sus compañeros.

La trapecista Camila Palma. Foto: Bertrand Guay.

Llega la primera entrada cómica del payaso catalán Èric Boo, seguida de la vertiginosa actuación del dúo de patinadores The Skating Donnert’s, que practican el patinaje acrobático, ejecutando ejercicios de alto riesgo aprovechando la fuerza centrífuga. Es sorprendente la capacidad de estos artistas para elevar siempre el grado de dificultad de un ejercicio a otro, que coge al público desprevenido. Una nueva entrada cómica de Èric Boo precede a otra atracción superlativa, la que protagoniza el equilibrista -y casi contorsionista- búlgaro Krasimir Kasov. Hace equilibrios sobre bastones, pero para complicar la cuestión también los hace a una altura considerable sobre un sable, que es más inestable que un bastón, por lo que el equilibrista, que hace la vertical sobre el sable, debe tener en cuenta el cimbreo, que añade emoción y riesgo. Prueba superada con nota.

La pareja formada por Thanh Hoa y Hien Phuoc, del Circo Nacional de Vietnam, ponen la poesía con las cintas aéreas, que más bien, viéndoles evolucionar, podrían llamarse cintas etéreas, ya que ésta es la calidad más destacada de las evoluciones, no exentas de un altísimo riesgo, de los artistas vietnamitas que, además de demostrar agilidad y fuerza, hacen gala de una fuerza de mandíbulas remarcable, puesto que en algunos momentos soportan el peso de su partenair sólo con un aparato bucal, mientras se suceden los remolinos a una velocidad increíble. Una nueva entrada cómica de Èric Boo marca la recta final de la velada. Es la hora, nuevamente, de la Troupe Hassak de Kazajistán y sus pirámides humanas en ascensión de escaleras.

La rueda de la muerte. Foto: François Dehurtevent.

El último número de la velada merece un punto y aparte. Se trata de la rueda de la muerte a cargo de los ecuatorianos Navas Team. La rueda de la muerte es un aparato metálico sensacional, enorme, que ocupa casi toda la pista y que está suspendido en el aire, amarrado por una serie de cables de acero a la estructura técnica de un circo que, recordemos, no tiene vela, por lo que la grada no está cubierta. El aparato tiene dos cestas circulares que pivotan en torno a un eje central. Podríamos hacer un símil con las ruedecillas de los hámsters, si os imagináis un aparato enorme con dos ruedas en el extremo, unidas con un cuerpo central. Las cestas son practicables por dentro, donde uno de los dos artistas impulsa el movimiento circular y por fuera, donde el otro realiza acrobacias que quitan el aliento. Y toda, toda la velada, envuelta en la música de la París Circus Orquesta bajo la dirección de Pierre Pichaud. Podeís comprar vuestras entradas para esta experiencia inolvidable en este enlace.

Imagen destacada: Troupe Hassak. Foto: François Dehurtevent.