La portalada de Ripoll recupera la luz

La portalada monumental de la iglesia de Santa María de Ripoll es conocida como “la Biblia esculpida en piedra”. Fechada a mediados del siglo XII, se considera un referente indiscutible del románico a nivel internacional y ya hace unos años que se iniciaron los trámites para conseguir su catalogación como Patrimonio Cultural de la Humanidad. El pórtico se construyó, al igual que en otros templos o monasterios, como un espacio de tránsito entre el mundo profano y el espacio sagrado, como una especie de cambio de dimensión. Los parroquianos y visitantes pasan por debajo de la majestuosa pieza, en forma de arco de triunfo romano, para entrar a la iglesia, impresionados por la riqueza iconográfica del pórtico, con escenas bíblicas y motivos vegetales y geométricos. El programa iconográfico fue concebido, posiblemente, en el seno de la propia comunidad benedictina de Ripoll, que se inspiró en una de las biblias historiadas del propio monasterio.

La portalada de Ripoll ha recuperado la luz tras unos trabajos de restauración que han durado cuatro meses y medio en los que se ha recuperado la definición del trabajo escultórico original y la policromía medieval del pantocrátor. Durante los trabajos se han saneado las superficies escultóricas, que habían perdido legibilidad, se han consolidado las zonas más degradadas y se han eliminado los morteros y materiales añadidos en actuaciones anteriores, como una resina que se aplicó en 1964 para consolidar la piedra, pero que le restó magnificencia al monumento. Gracias a esta intervención se ha descubierto y se ha podido estudiar la policromía original del monumento, sobretodo en la figura del pantocrátor, al que se le ha retirado la pintura negra aplicada en la época moderna y ha quedado al descubierto la pintura medieval: la doradura de la barba y los cabellos y las carnaciones de la cara del pantocrátor y los ángeles que lo rodean. La portalada, que tiene un aspecto impresionante, mide 11 metros de ancho por 7 metros de alto y forma un conjunto de 80 m2 de superficie esculpida visible.

Fuente de historias y leyendas

Este monumento se puede considerar una de las primeras novelas gráficas pétreas en relieve de la historia de Occidente y, además, es origen de no pocas leyendas. Una de las más interesantes y divertidas se publicó en una revista satírica que se editaba en Barcelona llamada L’Esquella de la Torratxa. En el número 240, publicador en 1883, escribía en ella su director, Josep Roca i Roca, en un catalán pre-fabriano, una teoría fabulada que explicaría cómo la cabeza de San Pedro de la portalada es responsable de dos muertes.

Ripoll es vila famosa pel seu monestir, y’l monestir de Ripoll es famós per la seva portalada plena de santa y de simbolisme. Es un geroglítich de pedra. En l’época de la fundacio del monestir (sigle X) los aficionats á publicar trenca-closcas no temian altra manera d’expressarse. […] Y á propósit de trenca-closcas, escoltin una anécdota rigurosament histórica. En la portalada del citar monestir hi ha un’estátua de Sant Pere que té’l cap enganxat ab ciment. Lo cap de aquell Sant Pere vá fer dugas morts. Ja veurán com vá ser:

Ripoll era un poble liberal, y durant la passada guerra caygué en poder dels carlins que hi calaren foch pèls séus quatre costats. Los defensora del altar y’l trono saquejaren lo monestir, y un carcunda ab un cop de culata arrencá’l cap de Sant Pere, que li vá aura als péus, deixantlo coix. Acudí una columna á Ripoll, los carlins fugiren y com que’l coix no’s podia moure’s queda á la vila, cayent en poder dels liberals que’l fusellaren. Primera mort.

Despres los micalets feyan servir lo cap de Sant Pere per jugar á botxas. Un dia, no sé com, vá rebotre, trencant la cama de un micalet. Los carlins tornaren á Ripoll, lo micalet que no podia moure’s caygué en poder d’ells, y també l’hi trencaren la closca sobre la marxa. Segona mort.

Lo cap de Sant Pere estigué durant molts anys en poder de un sabater que’l feya servir per picar sola. Com que Sant Pere era calvo, semblava tel exprés per aquesta operació. La comissió de monuments de Girona fa pochs anys vá rescatarlo, colocantlo de nou sobre las espatllas de imatje. Allí’l veurán encare que sembla que diga: —Al que s’acosta l’esclafo… Cuidado, que gasto malas bromas!…”

La cabeza de San Pedro actualmente no está en su lugar, como tampoco la de San Pablo, en la linde opuesta del pórtico. Pero el monumento, a pesar de estas notables ausencias, es digno de visita y ahora, después de la restauración, con más motivo.

Imágenes: gencat.cat / Monestir de Ripoll